domingo, 18 de septiembre de 2016

Mi corazón se desploma después de verte.

No es algo malo, solamente me siento débil, inútil, vacío, ansioso y poco valorado.
Lo siento, de verdad lo siento.. Ahora entiendo tus días grises junto a mi.
Lamento no haber sido más comprensivo y menos arrogante.

Después de todo, no creo ser una tan terrible persona. El noble corazón que un día dijiste que yo tenía sigue en el mismo sitio, un poco mayor, cansado y revuelto. Con sangre tibia bombeando hacia algunas partes de mi cuerpo. Soy la misma persona, con casi una cantidad infinita de defectos, con virtudes olvidadas y tú con todos mis desencuentros. No alcancé la expectativa que tenías en mi. Te fallé de todas las formas que alguien puede fallar.

Soy casi lo mismo. Más gordo y con cabello extra. Con parte de mi espíritu muy quebrado. Arrollado. Mis asuntos sé que no son los mejores o más valiosos. Sé que no le dan un plus a tu vida diaria..
Menos mis lágrimas, mis cartas o mis flores. No espero que regreses corriendo a mi con estos tontos detalles que planeo cuidadosamente. Que escribo intensamente todos los días. Que derramo en el trabajo, en casa, en el fútbol. Comiendo, cenando, duchándome, dormido y cuando te canto.

No sé que pasa conmigo. Supongo que es el estrés post-verte que me aniquila. El desosiego abrumador que no puede darme más que platicas intranquilas. ¿Qué más?

Mi corazón se despedaza después de verte. No es malo.. Solo es que no puedo cumplir mis mayores anhelos.

Te deseo. No es un deseo sexual (que también poseo por tu maravilloso cuerpo). Podría estar todo lo alejado del sexo y no me importaría. Es un deseo, un anhelo ferviente, que termina con mi energía y con mi sangre hirviente.

Te amo. No lo escondo. No lo hago menos (aunque creo que tú sí y no te culpo, estrella).
Porque amarte me da la pauta para intentar ser mejor..

No me olvides.




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